El Matisse más enigmático se abre paso en Madrid

El Matisse más desconocido se abre paso en Madrid. Cuando imaginamos la obra de Matisse inmediatamente visualizamos en nuestra imaginación bien sus rojos intensos y sus danzantes fauve de su primera época de las vanguardias, bien sus papeles recortados de sus últimos años. En cambio, el Matisse de entreguerras siempre ha quedado mucho más escondido. Y ése es precisamente el Matisse que, enmarcado entre la sombre de la Primera Guerra Mundial y la premonición de la segunda, ahora nos redescubre el Museo Thyssen-Bornemisza, que del 9 de junio al 20 de septiembre nos ofrece la exposición Mattise 1917-1941 .


Son esos dos años cruciales para la historia contemporánea y para el propio artista francés. 1917 marca el triunfo de la revolución bolchevique y el inicio del fin de la Gran Guerra. Ambos hechos redundarán en el joven Matisse. Hasta entonces el artista, aficando en París, solía trabajar en grandes murales fauve que le encargaban sus clientes rusos. La revolución barrió a los clientes rusos y la Gran Guerra barrió el clima artístico y las primeras vanguardias de principios de siglo. Es entonces cuando Henri Matisse se traslada a Niza para pintar en caballete, con luz natural, con un público anónimo y en constante búsqueda de nuevas técnicas y nuevas expresiones. Es por eso la época más apasionante de Matisse, porque implica más búsqueda, más ensayo, más experimento. Una búsqueda constante del equilibrio y la armonía, porque, si bien novedoso y rompedor en la forma, Matisse fue en el fondo un clásico. Decía: "lo que sueño es un arte de equilibrio, de pureza, de tranquilidad, sin asunto inquietante o preocupante, que sea para todo trabajador o intelectual un lenitivo, un calmante cerebral".

1941, con la invasión nazi de Francia y el exilio de los artistas e intelectuales franceses, marca el final de una época en la que Matisse, sin embargo, decidió quedarse en Niza. El acceso a la exposición, abierta de martes a domingo, cuesta 5 euros.